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Esta mañana hemos ido a unos jardines donde los tulipanes empezaban a perder sus pétalos. A Peque le ha encantado recoger los pétalos de colores y admirar su tacto y brillo. ¡Parece que le gustan las plantas! Y en esto estábamos cuando se me encendió la bombilla con una solución a la eterna pregunta: ¿Qué hacer si mi hijo no quiere hablar español?

Los niños pequeños usan la lengua como herramienta pura, es decir, buscan la utilidad y la eficiencia. Si la lengua es relevante para una interacción concreta, la usarán. Esto se da, por ejemplo, si el interlocutor no entiende ningún otro idioma, o si su vocabulario activo sobre el tema que le ocupa es más útil y preciso que en otra lengua.

Mi hijo no quiere hablar español cómo hacer que tus hijos quieran usar tu lengua con ganas

Pero volvamos a nuestra colecta de pétalos esta mañana.

Las normas eran sencillas: solo cogemos los pétalos que ya se han caído, y sin pisar el parterre. Y en seguida empezó ella a decirlo: no, ese pétalo está muy lejos. Ese pétalo se ha caído, ese todavía no. Ese está demasiado sucio. ¡Este está cerca!

Y me he dado cuenta lo fácil que es aprender, en este caso palabras o expresiones nuevas, cuando son relevantes para la actividad que nos interesa.

Y al revés también: todos los bilingües tienen más o menos soltura según el área. Por ejemplo: si en el trabajo solo hablamos inglés, el mismo vocabulario en español es irrelevante y por esa razón quizá no lo adquiramos nunca. Este fenómeno se repite en todas las áreas de actividad. Puedes leer más sobre la variabilidad del bilingüismo en la obra de Colin Baker (enlace afiliado).

Como todos los fenómenos del lenguaje, se puede luchar contra este aspecto o usarlo a nuestro favor. Afortunadamente los Peques tienen muchísima curiosidad y casi cualquier asunto puede ser de interés en un momento dado. Y cuando les veamos entusiasmados, nosotros estaremos preparados con palabras y expresiones específicas.

No todo tiene que ser un juego

Se dice mucho, y lo siento, no. No todo es un juego. A mí, por ejemplo, hay cosas que nunca me van a gustar, como fregar los platos, pero que he conseguido hacer bastante bien. Friega-platos nivel supervivencia.

Consideremos el ejemplo con el que he empezado el post: recoger pétalos de colores. Si lo hiciese un adulto, ¿diríamos que está jugando? No creo. Diríamos que tiene un proyecto, que le gustan los pétalos, cualquier otra cosa. Entonces, ¿por qué siempre decimos de los niños que están jugando, aunque estén recogiendo con la fregona el charco que han dejado?

Pues lo decimos porque nos niños no hacen este tipo de cosas buscando un resultado: recogen pétalos porque los ven y les gusta, no para usarlos para decorar. Friegan en agua derramada porque les gusta ver como desaparece el agua, no para que el suelo esté limpio.

Pero un juego no es. Es una actividad que les llama la atención y en la que pueden estar absortos un buen rato.

La clave es la concentración y el entusiasmo

Vale, esto es un arma de doble filo porque muchas veces, si el chaval está absorto en una tarea, lo mejor es dejarlo en paz para que practique la capacidad de concentración.

Pero si el peque está entusiasmado haciendo algo e INTEGRÁNDOTE en la actividad (te lo cuenta, te hace partícipe), ese es el momento perfecto para introducir nuevas expresiones y palabras.

Así, cuando esté interesado por una actividad, podemos ofrecerle vocabulario más especializado, intentar introducir frases o construcciones con las que les hayamos visto pelearse en otras ocasiones, o hacerle preguntas que requieran respuestas cada vez más complejas. Que sea siempre relevante para el asunto que le interesa al Peque en ese momento: no podemos cambiar de tema.

Los niños van a tardar mucho en mostrar interés por el idioma (e igual no lo muestran nunca)

Así, intenta hacer que el idioma sea la herramienta perfecta de comunicación para al menos una actividad de su interés (idealmente, varias).

Puede ser un cuento favorito o un juego. Y según van creciendo, un juego de mesa concreto, una serie de la tele, un lugar concreto que visitéis regularmente. Podéis hacer vuestro restaurante favorito o la piscina zona de habla española.

Si el idioma minoritario es su lengua más fuerte en al menos una de sus áreas de actividad e interés, hay menos probabilidades de decir eso de que mi hijo no quiere hablar español.

Pero, y quizá esto suene fatalista, no todo está en nuestra mano. El niño es un individuo con sus propias motivaciones y que hable o no nuestro idioma, en definitiva, no está en nuestra mano. Solo podemos proporcionar herramientas y comunicar nuestro amor por el idioma. Lo demás es asunto suyo.

Respetar la lengua en la que se está desarrollando la conversación

Aaaay, ¡cuánto me cuesta esto! Y es que veo la oportunidad y aunque sea un momento en que la Peque y su papá estén hablando en hebreo, que no son tantos, a menudo interrumpo en español y les reviento la dinámica que tenían.

No importa lo buena que sea la palabra que quería introducir: si el niño está en diálogo en un idioma, el esfuerzo de cambiar de lengua con toda seguridad romperá la magia del momento.

La preparación

Lo que acabo de describir puede pasar en cualquier momento, ¿verdad? Así que no siempre vamos a tener la ocasión de buscar en el diccionario el nombre de aquel pájaro o la diferencia entre pistilos y estambres (noooo… no me ha pasado justo eso esta mañana…). Así que nosotros también tenemos que tener una pequeña preparación previa básica.

  • Seguir leyendo en español (libros para adultos y bien escritos).
  • Tener cierto conocimiento básico de algunas de las cosas que preguntan los peques (¿por qué?), si no para responder por qué el cielo es azul, sí para acercar el ascua a nuestra sardina y aprovechar para introducir palabras españolas menos frecuentes.
  • Saber a qué libros infantiles recurrir juntos en caso de duda.

Mi hijo no quiere hablar español: La conexión entre padres e hijos

Vuelvo al tema de la crianza bilingüe respetuosa: muchas veces, lo que buscan los niños no es la actividad o saber la respuesta a lo que preguntan. Lo que quieren es entrar en diálogo contigo, sentir la fuerza del vínculo y pasar un buen rato juntos.

Dale lo que pide. Y dale también las palabras para seguir construyendo esta relación entre vosotros.

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