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Llevamos ya meses hablando de crianza bilingüe aquí y, la verdad: tanto tiempo hablando sin acordar una definición clara me sobre lo que es la crianza bilingüe queda un poco cojo.

Hablar de términos en lo que respecta a la lengua siempre es complicado porque las definiciones científicas no siempre son útiles para el uso cotidiano. Cientos de lingüistas todavía se enfrascan en disquisiciones interminables sobre qué es una lengua y qué es un dialecto. O qué es una palabra. O, para ir acotando terreno, qué es un hablante nativo o qué es dominar un idioma.

Y aun así, hablamos. No sabemos qué es una palabra pero las usamos todos los días. Y criamos a nuestros hijos bilingües sin saber lo que es el bilingüismo.

Lo que sigue no es una definición normativa de qué es la crianza bilingüe.

Es una descripción de lo que yo entiendo que estamos haciendo en casa para promover un conocimiento suficiente de todas nuestras lenguas. Espero que me sirva para seguir dándole forma al mensaje que quiero dar en este blog.

Así que, al turrón.

¿Qué es el bilingüismo?

Hasta hace relativamente poco no había una definición universalmente aceptada de lo que es ser bilingüe. La lengua tiene tantos aspectos (comunicativos, de identidad, de funcionalidad) que cada definición se quedaba corta.

Hasta que vino Grosjean y dijo: bilingüe es aquel que utiliza dos o más idiomas (o dialectos) en su vida cotidiana. (Grosjean, 2008)

Como todas las definiciones buenas, a muchos les decepciona la sencillez de esta. Es cierto que elimina muchos elementos que había en definiciones previas y que están muy aceptados en la población amplia. Por ejemplo:

  • 1er mito: un verdadero bilingüe aprende sus idiomas desde la cuna y no más adelante.
  • 2º mito: un buen bilingüe tiene la fluidez y el acento equivalente a la de un monolingüe nativo.
  • 3er mito: los idiomas de un bilingüe han de estar equilibrados y separados.

Vamos a ver estos elementos uno a uno:

También son bilingües los que adquieren sus idiomas en la adolescencia o ya de adultos

Todos hemos oído que para aprender un idioma bien hay que aprenderlo desde pequeños pero en realidad (según Grosjean) la diferencia no es tanta. Hay que ponerse, hay que necesitarlo, hay que usar un buen método y hay que tener paciencia. Y entonces, los resultados serán equivalentes.

¿De dónde sale esta aseveración? Pues principalmente del hecho que un idioma son muchos sistemas complejos conectados. Muy pocas personas dominan su idioma a la perfección: siempre hay vocabulario desconocido, construcciones que no nos gusta usar, pequeños fallos gramaticales o de pronunciación…

Ejemplo: Marta aprendió alemán tras acabar bachillerato para poder estudiar físicas en la Universidad Humboldt en Berlín. Tiene un ligero pero evidente acento extranjero pero su vocabulario técnico es mucho más preciso que el del hablante medio de alemán.

El acento y la fluidez no son los únicos parámetros del idioma

Grosjean habla de la perspectiva monolingüe sobre el bilingüismo y la rebate con elegancia: un bilingüe no es dos monolingües en uno. Es un hablante de pleno derecho que usa sus idiomas según las circunstancias y sus capacidades.

Cuando estudié traducción a menudo se comentaba que los estudiantes que habían crecido con dos lenguas rara vez alcanzaban a dominar ninguna de ellas. Se referían a que siempre cometerían pequeños fallos gramaticales, de vocabulario o de estilo, que llamaban interferencias lingüísticas, de manera inconsciente.

¿Qué problema tiene la teoría de las interferencias? Pues que es una mirada de superioridad desde el punto de vista del monolingüe. No considera al bilingüe como un hablante de pleno derecho. Y sin embargo, ¿cómo sería el mundo si solo los hablantes nativos pudieran hablar inglés, español, alemán…? ¿No es la contribución de los bilingües al mundo y al propio idioma tan o más válida que la de los monolingües? ¿Y por qué han de ser los «fallos» de los bilingües peores que los de los monolingües?

Los idiomas de un bilingüe rara vez están en equilibrio

Dicen que muy pocos bilingües hablan igual de bien todos sus idiomas en todos sus contextos. Francamente, yo no he conocido a ninguno. ¿Y tú?

Es por el propio funcionamiento de la lengua y el cerebro.

Por ejemplo: yo trabajo en una oficina en la que se habla inglés. Tengo compañeros hispanohablantes, pero cuando hablamos en español sobre el trabajo, nos faltan las palabras. ¿Por qué? Pues porque siempre estamos usando esos términos en inglés, los tenemos más frescos o puede que incluso desconozcamos sus equivalentes en español. ¿Quiere decir eso que el inglés es nuestra lengua dominante? Pues se ve que para la oficina, sí. Pero no para todos los contextos.

Es más: si algún día me cambiasen a una oficina hispanohablante, ¿alguien duda de que el español pasaría a ser mi lengua dominante también para ese ámbito?

Puedes leer acerca de otros mitos del bilingüismo aquí.

Y ¿qué es la crianza bilingüe?

Ahora bien, esta definición está centrada en el hablante bilingüe tras el proceso de adquisición de idiomas, en función de su uso. Y nuestra situación aquí es la de promover el bilingüismo en casa.

Por eso necesitamos definir qué es la crianza bilingüe y esta es mi propuesta:

«la crianza bilingüe describe un entorno durante la infancia en el que el niño recibe una exposición a dos o más lenguas suficiente para adquirirlas, ya sea activa o receptivamente. La comunidad, los centros educativos, los cuidadores, los progenitores y el resto de familiares pueden desempeñar un papel clave en la generación de este entorno.»

Elementos principales de lo que es la crianza bilingüe

  • nos centramos en la creación de un entorno; es decir, no podemos controlar cuánto va a absorber el niño. Solo en que el ambiente sea adecuado para que el niño aprenda.
  • exposición suficiente: la primera pata del éxito en la crianza bilingüe es que el niño escuche y lea lo suficiente, tanto en términos de volumen como de variedad y profundidad. ¿Cuánto es suficiente? Esto variará mucho según el individuo y sus circunstancias y será el resultado de ajustarse a cada momento.
  • lengua activa y pasiva: que el niño utilice el idioma activamente o «solo» lo entienda son dos resultados posibles de la crianza bilingüe.

¿Qué elementos faltan en mi definición?

¿Os habéis fijado que en mi definición faltan justo los mismos elementos que en la de Grosjean? Es que soy una copiota.

  1. No todos los idiomas se tienen que adquirir desde el nacimiento. Por ejemplo, mi marido y yo hablamos inglés entre nosotros pero no se lo estamos transmitiendo en la actualidad a la Peque. ¿Significa eso que hemos descartado el inglés en su educación? De ningún modo. Solo estamos centrándonos en las otras lenguas minoritarias de momento.
  2. No nos preocupa la fluidez o el acento que tenga en cada idioma, sencillamente porque no es algo que podamos controlar. Nos centramos en que la Peque tenga suficiente exposición a cada idioma y suficientes estímulos y ocasiones para usarlos.
  3. Sabemos que sus idiomas no podrán estar equilibrados. Es más, su relación de fuerzas tampoco será estable. Ahora mismo, tras 18 meses de pandemia en los que, en lugar de aprender alemán ha estado hablando español y hebreo casi todo el tiempo, el alemán es su lengua más débil. Esto cambiará muy pronto, es evidente. Solo nos queda disfrutar del momento presente, en que no intenta hablar con nosotros en el idioma mayoritario.

En resumen

Las lenguas y el bilingüismo son sistemas tan complejos y que cambian tanto de persona a persona que es difícil proponer una definición suficiente y a la vez útil. François Grosjean lo consigue con potencia y sencillez:

Bilingüe es el que usa dos o más lenguas o dialectos en su vida cotidiana.

A partir de esta definición, propongo esta de lo que es la crianza bilingüe para los efectos de este blog:

La crianza bilingüe describe un entorno durante la infancia en el que el niño recibe una exposición a dos o más lenguas suficiente para adquirirlas, ya sea activa o receptivamente. La comunidad, los centros educativos, los cuidadores, los progenitores y el resto de familiares pueden desempeñar un papel clave en la generación de este entorno.

Fotos de Kelli McClintock en Unsplash

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